“Somos la mayoría”: la marcha de las mujeres en Washington DC

ANDREA ARZABA

—Para mí todo cambió después del 9/11. He sido discriminada en varias ocasiones desde entonces. Los compañeros de mi preparatoria hicieron comentarios ignorantes sobre mi religión dos o tres veces. También he recibido insultos, al salir de la mezquita en Virginia.

—¿Qué te motivó a unirte a la marcha?

—Vengo a demostrarle al mundo que Estados Unidos es un gran país por gente como tú y como yo. Amo a mi país por razones que muchos no ven. Amo su diversidad, sus colores y sus distintas religiones.

A las nueve de la mañana, antes de que comenzará la tan anunciada Marcha de las Mujeres en Washington DC, me senté cerca del National Mall y el Museo Nacional de los Indios Americanos. Ahí conocí a Amina, una joven de veintisiete años, musulmana, que traía recogido su largo cabello en un pañuelo morado. Nacida en San Diego, California, ahora vivía Virginia. Ambas observábamos a la multitud sentadas en una plataforma que medía más de un metro, por lo que teníamos una vista privilegiada de los cientos de personas que se unían a la protesta.

ANDREA ARZABA

 

La Marcha de las Mujeres que ocurrió el 21 de enero del 2017 en la capital estadunidense tenía como objetivo demostrar que los derechos civiles, y en especial los de las mujeres y las minorías, deben de ser respetados bajo la presidencia de Donald Trump. En Washington DC se estima que más de un millón de personasparticiparon. El evento ocurrió simultáneamente en cientos de ciudades de los Estados Unidos, y alrededor del mundo. En México, se organizaron marchas en la Ciudad de México, y en más de quince ciudades en el país.

Mi experiencia en la marcha me acercó a un sector de la población estadounidense que muchas veces los medios no presentan, el que le da la bienvenida a los refugiados e inmigrantes.

En Washington, a lo largo del día conocí a mujeres de Maine, Connecticut, Illinois, Wisconsin y California. También hablé con una pareja que venía desde Colorado. Todos ellos marchaban con pancartas que tenían mensajes similares a los siguientes: Make America kind again (Haz que Estados Unidos sea amable nuevamente), Men of quality do not fear equality (A los hombres de calidad no les da miedo la equidad), Black lives matter (las vidas negras importan), Immigrants make America great (Los inmigrantes hacen que EU sea grande), My body, my choice (mi cuerpo, mi decisión), entre muchos otros.

—Mi corazón late fuerte, estoy muy contenta. Me siento orgullosa de haber tomado ese vuelo desde Michigan, para venir a Washington DC y encontrar a gente que se siente tan indignada como yo.

—¿A qué viniste a la marcha?

—A actuar. Estaba cansada de solo quejarme de la política de mi país. Ahora estoy manifestando la ansiedad que he sentido desde que supimos quiénes serían nuestros próximos representantes.

ANDREA ARZABA

 

Diana es una mujer de 65 años. Hablé con ella alrededor de las tres de la tarde, mientras marchábamos en la Avenida Pensilvania. Diana hablaba muy rápido. Su emoción era evidente. Ella constantemente apretaba con sus manos el pequeño pin que decía “Hillary”, colocado delicadamente en su pecho. Poco después de hablar, las multitudes nos separaron. Los cantos y los tambores hacían que cada persona tomara su camino, y fue muy fácil perderla de vista.

Mujeres y hombres con sombreros rosas marchaban animosamente. Los sombreros semejaban tener orejas de gato. Y a pesar de que la mayoría de los gorros tenían la misma forma, cada uno era único: algunos tenían brillos, otros eran metálicos, otros combinaban tonalidades de rosas, otros eran muy peludos. Todos ellos tejidos especialmente para esta marcha, gracias al proyecto Pussyhat Project.

— Estamos aquí juntos haciendo una cadena de amor para proteger a nuestras familias. Les pido a todos que luchemos con amor, con fe y con valentía para que no se destruyan nuestras familias. A los niños les quiero decir que por favor no tengan miedo, porque no estamos solos. Son muchas personas que tienen el corazón lleno de amor y de ternura, para abrazarnos en este camino de la vida…

Este es un fragmento del discurso de Sophie Cruz, la pequeña de seis años que se hizo famosa después de darle una carta al Papa Francisco en el 2015. Ella dio un discurso muy conmovedor, que causó que varias personas sacaran sus pañuelos. Además de Sophie, personalidades como Michael Moore, Alicia Keys, Scarlett Johansson y Ashley Judd también denunciaron situaciones de injusticia social, y dieron palabras de aliento a los protestantes desde el escenario principal.

(VIDEO: La niña que hizo llorar a Washington D.C.)

“Somos la mayoría”, miles de personas cantaban en las calles. El tamaño de la multitud en la Marcha de las Mujeres en Washington DC sobrepasó cualquier expectativa. Fue una marcha pacífica, en la que no se registraron actos de violencia. Mi experiencia en la marcha me acercó a un sector de la población estadounidense que muchas veces los medios no presentan, el que le da la bienvenida a los refugiados e inmigrantes, que lucha por los derechos de las mujeres y que ve a la diversidad del país como un aspecto positivo del país.

 

Escribí este blog post para Huffington Post México. Para ver el sitio original, haz click aquí.

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